EL OJO DE HOPPER

“Si pudiera decirlo con palabras, no habría ninguna razón para pintarlo”

Hopper es el gran pintor norteamericano del siglo XX junto a Jackson Pollock, aunque tengan un modo de entender y hacer pintura radicalmente opuestos. Tras formarse en EEUU, viaja a París (que por entonces todavía era la capital artística del mundo) y allí se sentiría maravillosamente atraído por los grandes edificios monumentales que se asoman a la orilla del Sena. Pinta infinidad de estudios sobre la masa del Louvre contemplada desde la otra orilla del rio; no pinta detalles, no quiere hablar de eso, nos habla de un gran volumen que dormita al lado de Sena. Aquí está el origen de cómo en las décadas posteriores abordará la arquitectura en sus obras.

louvre-en-una-tormenta

El Louvre en una tormenta 1909

notre-damme

Notre Dame 1907

Cuando Hopper vuelve a Estados Unidos y representa arquitectura, lo hace de modo que se distinguen dos escalas: pequeña escala donde los edificios adquieren carácter, se personifican en cierto modo; y otra gran escala donde el pintor se asoma a la vida cotidiana literalmente por la ventana.

Pequeña escala
En “Casa junto a la vía del tren” encontramos un parentesco evidente con los estudios de la orilla del Sena de una etapa más temprana; es muy parecido en composición con el cuadro de Notre Dame; un volumen arquitectónico claro, recortado perfectamente contra el cielo y desde una cota sensiblemente más baja. Ante la arquitectura está el ferrocarril, símbolo del progreso. Hay una contraposición entre esa arquitectura que nos recuerda al París de Haussmann y el ferrocarril del futuro; la arquitectura, aislada en medio del paisaje, se convierte en un ser extraño, singular. Hopper tiene la capacidad de transformar la arquitectura en el retrato de un personaje único.

casa-junto-a-la-via-del-tren

“Casa junto a la vía del tren” 1925

En “la ciudad” ofrece una vista poco común de Nueva York, en lugar de pintar los rascacielos o las grandes avenidas como el resto de pintores de entonces, nos ofrece un edificio aislado, pasado de moda entre masas de edificios modernos totalmente anónimos. Es otro retrato de un ser extraño, que se ha quedado al margen del tiempo con sus particularidades.

la-ciudad

“La ciudad” 1927

En “el Loop del puente de Manhattan” encontramos una construcción muy clara, se divide en dos partes: en la parte baja encontramos la escala humana, un hombre cabizbajo transita por una calle con aire melancólico; en la parte superior pasamos a una menor escala donde, construcciones arquitectónicas en un segundo plano y construcciones con cierto aire industrial en primer término, se encuentran en tensión; de hecho, parecen tener el mismo tamaño, aunque sabemos que en la realidad no es así.

el-loop-del-puente-de-manhattan

“El Loop del puente de Manhattan” 1928

Gran escala
En todos los ejemplos que se muestran aparece la gran protagonista de los cuadros de Hopper y que es un permanente en su pintura: la ventana. La ventana en pintura se usa en las dos direcciones: de dentro a fuera para ver el exterior, el paisaje; y de fuera a dentro, para ver el interior, y es esta la que principalmente llama la atención de Hopper y la que más desarrolla. Es muy posible que cuando Hitchcock hizo la “Rear Window” (“La ventana indiscreta”) en los años 50, tuviera presente a este pintor, que ya era bastante relevante por entonces. Es evidente que Hopper tiene algo de mirada cinematográfica en su pintura.
En “habitación en Nueva York” Hopper se asoma a la intimidad de un matrimonio donde no pasa nada, ella golpea una tecla del piano y él lee el periódico, es un ambiente de aburrimiento, de tedio. Pero al estar enmarcado por una ventana, le da cierta importancia, cierta teatralidad; aunque sea algo tan anodino como leer el periódico.

habitacion-en-nueva-york

“Habitación en Nueva York” 1932

En el “sol de la mañana” nos presenta una figura que mira pensativa hacia la ventana, donde se adivina un paisaje de bloques modernos. Esta figura queda destacada en primer lugar porque está en mitad del cuadro y en segundo lugar porque está colocada de tal forma que su volumen queda evidenciado por el efecto de luces y sombras. El pintor en sus cuadros de interiores va despejando la habitación de muebles y figuras hasta dejar exclusivamente las paredes y la luz que las acaricia, como se ve en “sol en una habitación vacía”.

el-sol-de-la-manana2

“Sol de la mañana” 1952

sol-en-una-habitacion-vacia

“Sol en una habitación vacía” 1963

María del Mar Acosta Pérez
Vocal de publicaciones de la Asociación de Estudiantes y Jóvenes Arquitectos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *